jueves, 18 de abril de 2013

Érase una vez... la Térmica. Parte I


Cuando sopla el viento

Partimos una fría mañana de otoño, muy temprano. Despuntaba el día, el cielo amanecía gris y había dejado de llover; la carretera parecía no llevar a ningún sitio, atravesando áridos llanos y yermos valles que el sol abrasador del verano había quemado. No había nada en kilómetros a la redonda y la carretera seguía avanzando.

Las colinas empezaron a cobrar vida y altura, y nos vimos atravesándolas por estrechas grietas que parecían inclinarse de forma amenazadora sobre nosotros y entonces la vimos: enorme, monstruosa, descomunal, dejándonos sin aliento; era un bloque de ladrillo, metal y cristal puesto en mitad de la nada.

No podía creer que por fin estuviésemos llegando, llevaba esperándolo mucho tiempo, demasiado, incluso había tenido miedo de no llegar a verla pero ella no se había movido de su lugar; dominándolo todo, orgullosa, altiva, esperando nada.

Al entrar en el camino la pude ver a lo lejos, entre los árboles que me molestaban, y apresuré el paso. Cuando estuvimos cara a cara me paré y me quedé muy quieta. Quería contemplarla en toda su grandeza, realmente era… gigantesca y me hacía sentir muy, muy, muy pequeña. Me senté sobre la hierba justo delante de una de las puertas a unos escasos veinte metros, se me disparó el corazón, empecé a notar un sudor frío en la nuca, me faltaba el aire y me sentía mareada, necesitaba tumbarme pero no podía dejar de mirarla, fue un Stendhal en toda regla, lo supe al momento. Era tan hermosa y a la vez tan cruel, su hermosura era capaz de golpear duramente mis sentidos y provocarme dolor, dolor por atreverme a mirarla, por atreverme a estar allí, a punto de entrar en su interior pero ¿cómo no hacerlo? Me puse en pié, respiré profundamente y caminé hacia ella sin dejar de mirar hacia lo más alto.

Una vez dentro tardé en sacar la cámara. Primero caminé despacio, temerosa porque no la conocía, escuchando como el viento batía sus ventanas una y otra vez, incesables, guiando mis pasos y susurrándome al oído por donde debía caminar. Mi paso se fue aligerando, quería verlo todo, quería subir a todas partes, entrar en cada habitación, en cada sala, en cada pasillo, hasta que me di cuenta que estaba sola. Mis compañeros seguían en la primera sala y yo ya estaba en el piso superior. Entonces llevé la mano a los tejanos y vi que no llevaba el walkie. Grité sus nombres pero por respuesta sólo obtuve el eco de mi voz y luego… silencio.

Bajé a buscarlos para decirles que seguiría sola. Aquel abandono quería hacerlo sola, sabía que nos iríamos encontrando por los diferentes espacios de vez en cuando, pero quería disfrutar de sus rincones, de su altura, quería estar tranquila e irla descubriendo poco a poco, quería aquellas sensaciones para mí; quería su luz colándose entre de las grietas, sus sombras en los rincones, su silencio en las habitaciones vacías, su viento colándose por los pasillos a través del techo y de las ventanas rotas. Quería quedarme unos instantes quieta en mitad de la nave principal rodeada de hierro y ladrillo, quería mirar por sus ventanas desde lo más alto hacía el interior, mirar un largo pasillo escudriñando sus paredes palmo a palmo hasta perder la mirada en la sombra y, sobre todo, quería poder notar nuevamente la adrenalina que te da un lugar abandonado cuando te quedas a solas en él y decides subir una escalera apuntalada hacia la oscuridad, sin saber a dónde te llevarán tus pasos, cuando sopla el viento.

Aquí os dejo la Térmica, la catedral de los abandonos, tal y como la recorrí, tal y como la viví.

















































































Sigue descubriendo conmigo la zona más oscura de la térmica

8 comentarios:

  1. Tus fotos empiezan a darme envidia cochina, jajajaja.
    Buenas fotos compi.

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    1. Y a mi las tuyas!!! Volvemos y hacemos la parte que nos falta??? jajajaja

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  2. Tremendo el repor!!!!!!
    Me encantan las fotos de los manometros y la historia expectacular
    Un abrazo

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  3. Veo que sigue como siempre y tengo muchas ganas de volver. buenas fotos y a la espera de la segunda parte. saludos!!

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    1. Y que dure así por mucho tiempo.
      Un abrazo

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